lunes, 12 de abril de 2010

Persecucion hasta el rio bravo de inmigrantes

Todos son supervivientes de miles de kilómetros sembrados de amenazas y la mayoría cruzó clandestinamente varias fronteras. Sin embargo, decenas de indocumentados centroamericanos que alcanzan el norte de México, a las puertas de Estados Unidos, se entregan para ser repatriados.
El gran desafío ya no lo encuentran en el lado estadounidense, en pasar el Río Bravo y sortear el desierto y la patrulla fronteriza.
Ahora sobre todo se teme al crimen organizado mexicano, que se ha establecido en el este de la frontera -en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas- para cobrar una cuota al que quiera pasar o, en caso de no obtenerla, secuestrarlo.
Todos los testimonios señalan a la organización narcotraficante 'Los Zetas', también acusados por la mayoría de los miles de secuestros de inmigrantes que desde hace varios años se cometen en México, en especial en el sur.
La estatal Comisión Nacional de Derechos Humanos estima que, solamente entre septiembre de 2008 y febrero de 2009, fueron raptados casi 10.000 'sin papeles' y pagados unos 25 millones de dólares en rescates.
La nueva advertencia en la frontera ha llegado a oídos de la comunidad inmigrante y ha hecho dar media vuelta a hombres y mujeres decididos, ya castigados por el hambre, el frío y muchos por los abusos de la autoridad que padecieron durante el camino.
"Me regreso. Está muy peligroso pasar. Hay que pensar hacia adelante, para atrás ya es el pasado", dijo a la AFP Claudia, una hondureña de 31 años, sentada en un banco del refugio Belén Posada del Migrante de Saltillo (Coahuila), 400 kilómetros al sur de Estados Unidos.
Junto a Claudia está cosiendo pulseras Daniel, un guatemalteco de 19 años que también está resignado a volver a casa sin haber enviado antes ni un dólar.
"Esperé durante tres meses a que mi hermano reuniera el dinero suficiente en Estados Unidos para mandarme un 'coyote' (traficante de indocumentados) de confianza porque yo solo no voy", aclara Daniel mientras resuena un tren que pasa por las vías cercanas y del que bajarán nuevos usuarios del refugio.
Un tren como los que aproximan a diario a miles de inmigrantes hacia el norte de México, pero en los que también se asalta, se secuestra y a veces se muere al caer del techo por cansancio. Los indocumentados llaman a este tipo de tren 'La Bestia'.
Claudia, Daniel y otra decena de 'sin papeles' serán llevados hasta la estación migratoria por Sandra Luz Albicker, la coordinadora de Derechos Humanos del refugio, quien hace semanalmente este traslado con alivio.
"Explicamos a los migrantes que la frontera está llena de 'Zetas', que no pueden cruzar el río. Creo que a nosotros no nos hacen mucho caso pero sí a sus mismos compañeros, que cada vez más regresan y cuentan sus historias", admite Albicker.
Una de esas historias es la del hondureño Eduvín. La primera vez que estuvo en el refugio de Saltillo acordó con un 'coyote' un pago de 1.800 dólares para que le llevara a Houston (Estados Unidos).
Pero una vez pisaron la fronteriza Piedras Negras (Coahuila), el traficante le reclamó 1.000 dólares para no entregarle en ese momento a los 'Zetas', organización que lideran ex militares de élite.
"Yo no tenía el dinero así que me llevaron a una casa de seguridad. Allí había otras 21 personas secuestradas", relató a la AFP Eduvín, de 34 años, quien aprovechó el sueño de un guardia para escapar y regresar a Saltillo.
El hondureño no facilitó el número telefónico de sus familiares pero admite que quizás pudo aguantar porque no le llegaron a aplicar los brutales métodos de tortura que presenció.
Disgustados con la falta de voluntad de los gobiernos locales y federales, los responsables de la red de refugios mexicanos denunciaron el aumento de los secuestros en una audiencia especial ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 22 de marzo pasado.
El Estado mexicano, manifestaron, ni protege a las personas indocumentadas ni pone las condiciones para que puedan denunciar los abusos que sufren por parte del crimen organizado --pero también de las policías y agentes migratorios-- ni investiga las escasas denuncias.
Con pocas esperanzas en un cambio de actitud de las autoridades, Sandra Albicker arranca la camioneta con la que volverá a llevar a una docena de inmigrantes hasta Migración.
Al tiempo que suena el motor, ruge de nuevo 'La Bestia' camino al norte, pero hoy parece que nadie acudirá a su llamada.

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