martes, 11 de mayo de 2010

La proteccion a culturas autoctonas requiere dinero

Para quienes confían en los tratamientos de la medicina occidental, la afirmación puede generar sospechas. Pero Postnikova, médica de la región rusa de Siberia, está convencida de que muchos problemas de salud pueden curarse fácilmente con remedios tradicionales. "Los métodos tradicionales de tratamiento pueden salvar millones de vidas", señaló en entrevista con IPS, en la novena sesión del Foro de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), que comenzó el lunes de la semana pasada. Larinova Varvara, quien enseña música tradicional a niños y niñas de Siberia coincidió con ella. La medicina tradicional no es la única forma de curar dolencias, añadió. "Una persona enferma también puede curarse con el canto y la danza", aseguró. Las dos sostuvieron que no se puede llevar una vida saludable sin aprender a vivir en armonía con la naturaleza, lo que es imposible si se trata a los humanos como una mercancía o como un objeto. "Mi música aporta elementos que mejoran la salud", sostuvo Varvara, quien toca el humoso, instrumento utilizado para tratamientos emocionales y físicos en Siberia. "En mi música, todos los sonidos son únicos y apuntan a armonizar a los seres humanos con la naturaleza", explicó. Científicos especializados en cambio climático y biodiversidad comienzan a darse cuenta de la importancia que tienen los conocimientos tradicionales sobre plantas y animales para entender cómo preservar los recursos naturales. "La conservación de la naturaleza está en el centro de los valores y de las culturas tradicionales", señaló Ahmed Djoghlaf, secretario ejecutivo del Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica, donde se reconoce el significado del conocimiento tradicional y urge a tomar medidas para promoverlo. ¿Pero acaso actúan en consecuencia los estados que firmaron el tratado? La respuesta de decenas de artistas, curanderos y músicos de diferentes partes del mundo fue un rotundo "no". "Nosotros nos pagamos el viaje", señaló Alexandra Grigorieva, antropóloga y presidenta de Yurta Mira, una organización no gubernamental que preserva tradiciones y culturas autóctonas de Siberia. Grigorieva señaló que fue muy difícil para su comunidad participar en el Foro por falta de fondos. La Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) entregó en 2005 a los yakut de Siberia un premio por su contribución al patrimonio mundial. Representantes de otros pueblos también mencionaron su preocupación porque la falta fondo les impide intercambiar opiniones e ideas con gobernantes y activistas en encuentros internacionales. "La financiación siempre es un problema para participar en el Foro de la ONU", dijo a IPS el dirigente indígena norteamericano Arthur Manuel. "Es caro viajar y vivir en Nueva York", remarcó. Las comunidades autóctonas viven en condiciones de extrema pobreza, pese a que ahora se expresan en numerosos foros internacionales, señala un borrador de un estudio realizado por el Banco Mundial, que se dio a conocer este mes. Los indígenas representan cinco por ciento de la población mundial, pero más de un tercio son pobres, reza una declaración del secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), Ban Ki-moon. Unos 5.000 pueblos indígenas viven en 70 países, según el Banco Mundial. "Nuestra gente necesita ayuda porque nuestra economía no está centrada en el dinero", indicó Manuel. "Alguna gente nos considera pobres. Aunque lo seamos en términos económicos, tenemos culturas ricas y estrechamente relacionadas a la tierra". Los dirigentes indígenas reclamaron a las naciones ricas e industrializadas que otorgaran más recursos al Foro para viajes. Hace muy poco que los indígenas norteamericanos reciben dinero para viajar, señaló Manuel. Antes, los donantes "consideraban que teníamos suficientes recursos. Eso no es cierto". "Las comunidades indígenas de América del Norte que luchan para proteger sus tierras y su cultura no tienen suficiente dinero para participar en el Foro", añadió. Grigorieva creó un museo en Siberia, con escasos recursos, para difundir el trabajo de la ONU e informar a las comunidades autóctonas sobre las iniciativas mundiales para proteger sus derechos. Pero se le hace cuesta arriba

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