sábado, 17 de julio de 2010

Violencia y Futbol

Bruno, portero del club de fútbol brasileño Flamengo, era un modelo para los hinchas. Buen jugador, famoso, "exitoso" entre las mujeres y millonario. Ahora, detenido bajo sospecha de asesinar a una ex amante, se convirtió también en referencia de la violencia contra la mujer.

El nombre del futbolista defensor de la portería de uno de los equipos más populares de Brasil se trasladó desde las páginas deportivas a las policiales.

Bruno Fernandes das Dores de Souza, nacido en 1984 y conocido profesionalmente como Bruno, es uno de los ídolos de los millones de hinchas de ese club carioca, actual campeón nacional, a quien se le atribuye gran parte de ese triunfo. Entre sus marcas figura la de "no sufrir goles" durante 73 juegos del campeonato y en cinco seguidos.

Pero ahora la policía cree que este jugador fue el que dio la orden del asesinato de una ex amante suya, la modelo Eliza Samudio, desaparecida hace un mes, luego de ser vista por última vez en una casa del futbolista, actualmente casado con Dayane Rodriguez.

De esa relación extraconyugal, Samudio reveló que habría nacido un hijo, actualmente de cuatro meses, y de quien el jugador no asumió su paternidad.

El caso comenzó el año pasado cuando la modelo denunció en una comisaría especializada en atención a la mujer que Bruno, con la ayuda de dos amigos, la secuestró, agredió y obligó a tomar una sustancia abortiva.

Pero la bomba estalló esta semana cuando la justicia decretó la prisión preventiva del portero y de un supuesto cómplice, acusados de secuestrar a Samudio, estrangularla y arrojar sus restos a perros feroces para ocultar el cadáver, según un testigo.

El futbolista ya tenía antecedentes de denuncias de violencia contra mujeres en fiestas organizadas en su casa, que él definió como "orgías", donde dice haber conocido a la mujer.

Una vez, para defender a su colega, Adriano Leite Ribeiro, el ex atacante de Flamengo conocido como Adriano, dejó picando otra pelota en la cancha. "¿Quien no ha terminado en cachetadas contra su mujer alguna vez?", justificó.

"Esto complica nuestro trabajo porque Bruno es una figura pública, muy admirada y puede tener impactos negativos, sobre todo entre los jóvenes", se lamentó en entrevista con IPS Fabio Verani, de la organización no gubernamental Promundo, que trabaja contra la violencia de género desde la mirada masculina.

En cambio, la "torcida" (hinchada) está dividida. Para algunas brasileñas, como la empleada doméstica Djane Freitas, el caso demuestra "que la violencia contra la mujer está cada vez peor", ya que "alguien prefiere matar a asumir la paternidad de su hijo".

Otra empleada doméstica, Sirlene da Silva, justificó de alguna manera el supuesto crimen del portero. A su juicio, los dos están equivocados, pero Eliza lo está "más", porque "ninguna mujer debería conseguirse hombres sólo porque son famosos, para sacarles dinero, y además quedar embarazada para asegurarlos".

Esta situación, según Sirlene, es la "que después causa toda esa confusión".

Es por eso que Verani considera que el caso debería aprovecharse positivamente. Por ejemplo, con la movilización de otras personalidades masculinas o de los mismos equipos de fútbol. Ellos deberían "usar su espacio público" para pronunciarse contra la violencia de género. Hasta ahora, Flamengo anunció la suspensión del contrato del arquero.

Beatriz Galli, consultora de derechos humanos de la no gubernamental IPAS Brasil, opinó que la situación debe hacer reflexionar a los clubes de fútbol sobre sus jugadores y a tener en cuenta no sólo cuestiones deportivas sino también psicológicas a la hora de contratarlos.

La consultora de IPAS, organización internacional que trabaja desde diversos ángulos el tema de la salud reproductiva de la mujer, dijo a IPS que los clubes deberían orientar a sus jugadores sobre conductas éticas y morales en asuntos como la violencia de género.

"Tenemos el caso de un ídolo de multitudes, del club más popular de Brasil, de un gran atleta, de éxito en la profesión, de todo lo que es considerado un ejemplo, involucrado en un caso de violencia contra la mujer como éste", enfatizó.

A su juicio, no se puede permitir que una figura pública defienda las "cachetadas" contra una mujer como algo normal en una relación, "como si no existiese la ley María de Penha", en referencia a una norma vigente desde 2006, que combate la violencia doméstica y contra la mujer con penas entre tres meses y tres años para los agresores.

Según Galli, se trata de "un caso muy ilustrativo de Brasil", que muestra, entre otras realidades, la de una "sociedad patriarcal y machista" y "la de una mujer desvalorizada como un verdadero objeto sexual".

"Es como un flagrante de cómo son las relaciones de género en Brasil", planteó. Como representante de una organización que lucha por el aborto legal y seguro, Paula Viana, del no gubernamental feminista Grupo Curumim, cree que el caso genera otra reflexión: el derecho a querer o no querer interrumpir un embarazo.

"No queremos una legislación que obligue a la mujer a abortar o a no abortar", subrayó Viana, para quien el caso "muestra la vulnerabilidad de la mujer frente al poder machista y patriarcal". El caso habla de una sociedad que "no deja a sus mujeres expresar el derecho de su propio cuerpo", indicó.

Esta semana, la Secretaría Especial de Políticas para Mujeres divulgó un nuevo boletín sobre la Central de Atención a la Mujer, que atiende telefónicamente denuncias de género.

El número de denuncias entre enero y mayo, que llegó a 271.719, aumentó 95,5 por ciento respecto del mismo período del año pasado.

De ese total, hubo 29.515 sobre agresiones físicas, 13.464 psicológicas, 6.438 "morales", 887 patrimoniales, 1.060 sexuales, 42 situaciones de tráfico y 207 casos de privación de libertad.

La secretaria atribuyó ese aumento a una campaña nacional contra la violencia y la Ley María da Penha

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