sábado, 28 de agosto de 2010

Familias separadas hasta por el Ramadan

Desde hace siete años, la palestina Majda Abdul Qader Sheikh no tiene permitido visitar la casa de sus padres, ubicada a unos cientos de metros de la suya.

"Intenté obtener un permiso especial para realizar una visita rápida en el mes sagrado musulmán de Ramadán, pero me lo negaron", dijo esta mujer de 38 años.

"No he tenido problemas con las autoridades israelíes, ni soy considerada una amenaza para la seguridad", agregó. Sheikh no intenta abandonar Cisjordania. Ni siquiera viajar a otra ciudad. Lo único que quiere es llegar a otra parte de la aldea palestina de Azzun Atma, donde vive con su esposo y sus siete hijos.

Esta aldea agrícola de 2.000 habitantes se encuentra en el distrito de Qalqiliya, en el noroccidente de Cisjordania. Es una de más de 50 comunidades palestinas, que abarcan a 35.000 personas, atrapadas en la llamada "zona de juntura".

Ésta se extiende entre la Línea Verde --establecida tras la guerra de 1948 y que señala la frontera internacionalmente reconocida entre Israel y Cisjordania-- y el muro que el Estado judío comenzó a construir en 2003 alegando "motivos de seguridad".

La "barrera de separación", que en sus diferentes tramos consta de vallas, zanjas y muros de hormigón, se desvía de la Línea Verde y se interna en territorio palestino.

El Corte Internacional de Justicia de La Haya consideró ilegal a este muro, diseñado para incorporar a muchos de los asentamientos de Israel en Cisjordania, así como a la tierra palestina ilegalmente adquirida.

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios (OCAH), el muro deja casi 10 por ciento del territorio cisjordano del lado israelí.

Solamente el distrito de Qalqiliya perdió 70 por ciento de sus tierras por el muro, y por los 50.000 habitantes de los 14 asentamientos ilegales construidos allí.

Además, dentro de la zona de juntura y cerca de la Línea Verde hay predios que las autoridades israelíes declararon "zonas militares cerradas" o "tierra de nadie". Durante los últimos siete años, los 10.000 palestinos que vivían en ellas tuvieron que solicitar permisos para continuar viviendo en sus propias casas.

Once familias de Azzun Atma están atrapadas allí. Para acceder al resto de la aldea, los residentes tienen que atravesar un portón de seguridad a cargo de soldados israelíes, que está abierto diariamente entre las cinco de la mañana y las 10 de la noche.

Palestinos como Sheikh, que desean visitar a familiares o amigos en las zonas cerradas, tienen que postularse a permisos especiales para visitantes. Muy poco los han conseguido.

Las comunidades atrapadas a ambos lados del muro sufren económicamente. "Apenas 18 por ciento de los 30.000 agricultores que antes estaban empleados en la zona de juntura han recibido permisos de ‘visitantes’", según la OCAH.

Aún menos cultivadores han obtenido permisos para ingresar a las zonas militares cerradas. "Los portones se abren varias veces al día durante media hora, durante periodos específicos, como la cosecha de aceitunas", dijo Nidal Jallaoud, encargado de relaciones públicas de la municipalidad de Qalqiliya.

"Esto significa que los agricultores no pueden atender sus cultivos a lo largo del año. Pero incluso las horas de apertura del portón dependen del estado de ánimo de los soldados israelíes. A veces son groseros y violentos y no los dejan pasar", agregó.

"Los habitantes de la aldea también se esfuerzan por acceder a centros de salud y educación ubicados fuera de la zona de juntura. Azzun Atma tiene una clínica médica básica que está abierta solamente dos horas a la semana", agregó.

"Un agricultor que quedó atrapado bajo su tractor cuando éste se dio vuelta, murió desangrado mientras iba camino al hospital, dado que los aldeanos que lo trasladaban fueron obligados a esperar una hora y 40 minutos en el puesto de control israelí", dijo Abdul Karim Atmawi, secretario del concejo de la aldea de Azzun Atma.

Las embarazadas se van de la aldea semanas antes de la fecha prevista para el parto, a fin de evitar complicaciones causadas por las demoras en el puesto de control, añadió.

Pero Azzun Atma es una de las aldeas más afortunadas. Hace algunos meses, los israelíes decidieron abrir un portón que condujera al lado palestino de Qalqiliya en horas de la noche, citando una mejoría en las condiciones de seguridad.

Pero Majda Abdul Qader Sheikh todavía no puede visitar a su familia en la zona militar cerrada, y los agricultores se esfuerzan por llegar a sus tierras pasando por un solitario puesto de control en el sur de la aldea.

"Tal vez un día yo pueda ver a mi familia al otro lado de la calle y celebrar el Ramadán con ella", dijo

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