lunes, 23 de agosto de 2010

Laos contra bombas de racimo

Laos se destaca en la campaña mundial de lucha contra el uso de bombas de racimo, tras décadas de estar relegado a la sombra de sus vecinos más poderosos.

Este país de 6,3 millones de habitantes es perfecto porque es más perjudicado por las mortales explosiones desde la intervención militar de Estados Unidos en la región hace casi cuatro décadas.

Vientiane organizará en noviembre el primer encuentro de estados parte de la Convención sobre Bombas de Racimo, que entró en vigor el 1 de este mes. El tratado fue ratificado por 37 países, de los 107 signatarios, que se abrió a la firma en Oslo en diciembre de 2008.

Japón es el único país asiático, además de Laos, en haber ratificado la Convención. Afganistán, Filipinas e Indonesia la firmaron.

"Es un instrumento de naturaleza humanitaria que se propone liberarnos del miedo y de la amenaza de las bombas de racimo", señaló Saleumxay Kommasith, director general del departamento de organizaciones internacionales de la cancillería. "Nuestro papel es contribuir a la lucha contra" el flagelo.

También es importante en el marco de la política pacífica de Vientiane, dijo Saleumxay a IPS. "Implementar la Convención es una forma de mantener la paz y la seguridad en la región y en el mundo. Forma parte de los esfuerzos de desarme realizados por la comunidad internacional."

Laos será un sitio de prueba clave para el histórico tratado, que apunta a prohibir el uso, la producción y la transferencia de bombas de racimo, además de destruir los arsenales en los próximos ocho a 10 años y, limpiar en un plazo similar, las zonas contaminadas con submuniciones.

La Convención también insta a la comunidad internacional a ayudar a los sobrevivientes y a las comunidades afectadas.

Camboya y Vietnam, que tienen muchas bombas de racimo, no firmaron la Convención, pero "seguirán con entusiasmo sus avances antes de suscribirlo", señaló Alfredo Lubang, director de la oficina para Asia Pacífico de la organización no gubernamental Nonviolence International.

"Temen no poder cumplir con sus obligaciones después de firmar el tratado", añadió.

"El éxito en Laos dependerá del compromiso de las naciones con recursos para asistir" a los países más pobres, apuntó. "Es un enorme desafío porque hay que limpiar vastas áreas y ayudar a las comunidades perjudicadas", añadió Lubang.

La gigantesca tarea que tienen por delante los países de la región es un legado de la guerra de Vietnam (1964-1975), que se propagó a sus vecinos. Los aviones estadounidenses lanzaron más de dos millones de toneladas de bombas de racimo sobre Laos, una cantidad superior a la que se tiró en el territorio europeo durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El objetivo de los ataques aéreos fue destruir la Ruta Ho Chi Minh, mediante la que se abastecían efectivos de Vietnam del Norte y que pasaba por el este de Laos.

La mayoría de esos explosivos, unos 270 millones, fueron bombas de racimo.

Casi cuadro décadas después, las bombas de racimo fabricadas en Estados Unidos siguen costando un alto precio, según la Autoridad Nacional para la Regulación de Minas y Artillería. Casi 30 por ciento de las submuniciones "no detonaron" y "quedaron casi 80 millones de bombas sin explotar en Laos", reveló.

La cantidad de víctimas civiles es lastimosa. Más de 50.000 personas murieron, o quedaron heridas, por municiones que no explotaron, entre 1968 y 2008, según el órgano regulador. "Cuarenta y uno, de los 46 distritos más pobres de Laos, están contaminados", añadió.

"Laos tiene más experiencia con bombas de racimo que cualquier país del mundo", señaló Stan Barbant, asesor de la ofician en Vientiane del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. "Sabe el daño que causan a la gente y conoce mejor que nadie las consecuencias a largo plazo en las comunidades", añadió.

"La principal debilidad de la ayuda para eliminar las municiones sin explotar es la asistencia a las víctimas", remarcó.

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