miércoles, 11 de agosto de 2010

Un tribunal especial de Camboya condenó este lunes a 30 años de prisión a un importante líder del Jemer Rojo, conocido como el torturador "Duch", pero víctimas consideran que la sentencia es demasiado leve.

Duch, de 69 años y cuyo nombre real es Kaing Khek Eav, fue jefe del tristemente célebre centro de detención y torturas S-21 en Phnom Penh, donde fueron asesinadas al menos 12.380 personas durante el régimen jemer, entre 1975 y 1979.

Como Duch ha estado en prisión desde 1999, su sentencia podría finalmente ser reducida a 18 años. "El veredicto es demasiado leve", se quejó Bou Meng, uno de los apenas 12 sobrevivientes del centro de torturas, ubicado en la prisión de Tuol Sleng.

Aunque la fiscalía había pedido 40 años de cárcel, las Cámaras Extraordinarias de los Tribunales de Camboya, cuerpo integrado por jueces nacionales y extranjeros y patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas, concluyó que, ante la colaboración de Duch y su muestra de "limitado remordimiento", una sentencia total de 35 años era suficiente.

"La corte ha juzgado y castigado a un perpetrador de Kampuchea Democrática (nombre oficial de Camboya bajo los jemeres), uno de los regímenes más macabros de la era moderna", destacó el fiscal Chea Leang tras la lectura de una hora del veredicto.

El tribunal encontró culpable a Duch de crímenes contra la humanidad y de violaciones a las Convenciones de Ginebra, de 1949, que ordenan el trato humanitario a prisioneros.

La sentencia se redujo luego a 30 años debido a que la detención de Duch por un tribunal militar, entre 1999 y 2007, fue considerada ilegal. Es probable que el líder jemer permanezca en las rejas hasta 2029, aunque el fallo todavía está pendiente de apelación.

"Nada menos de 30 (años) es aceptable, porque es inconcebible incluso que pueda estar un minuto más en las calles", dijo la presidenta de la Junta para la Justicia y la Reconciliación de Camboya, Theary Seng.

"Si la comunidad internacional no nos provee justicia, nos deja sin esperanzas", señaló.

Cerca de 1,7 millones de personas ---casi un cuarto de la población camboyana de entonces-- murieron a causa de hambre o de los trabajos forzados a los que fueron sometidas por el régimen que encabezó Pol Pot y que procuraba crear un Estado agrícola.

Pero no fue sólo el fallo lo que causó inquietud este lunes entre las víctimas.

Sorpresivamente, el presidente de la Cámara del Juicio, Nil Nonn, dijo ante una sala repleta que sólo 66 de las partes civiles serían reconocidas en el caso, dejando así de lado a otras 21 que habían participado originalmente del proceso, en su mayoría familiares de los muertos bajo orden de Duch.

"No estoy feliz", dijo Hong Savath, cuyo tío murió en el S-21. "El juez debió haberme dicho desde el principio que yo no era parte civil".

Mientras, abogados de las víctimas lamentaron que las reparaciones fueran poco más que simbólicas. Esto se debió a que el tribunal carece de un fondo para compensar a los afectados, como lo tiene, por ejemplo, la Corte Penal Internacional con sede en La Haya.

En el sitio web del tribunal pronto aparecerá la lista con las confesiones de culpabilidad y remordimiento de Duch, así como los nombres de sus víctimas.

Sin embargo, como señaló un abogado de la parte civil, muchos de los familiares de los fallecidos bajo el régimen jemer ni siquiera podrán ver esto: Camboya se encuentra entre los países con menos conexión a Internet en Asia sudoriental.

"Parece que lo que se ordenó fueron las reparaciones mínimas, más conservadoras y, quizás es justo decir, las menos imaginativas", opinó Karim Khan, representante legal de algunas de las víctimas.

Mientras el fallo desataba debates entre abogados, periodistas y trabajadores humanitarios, el propio Duch se mantenía imperturbable.

Cuando que se le pidió que se pusiera de pie para escuchar el veredicto, no mostró señales de emoción alguna. Los cinco jueces tampoco le dieron oportunidad de responder.

Se espera que Duch, quien despidió a su anterior abogado, presente ahora una apelación, sobre todo luego de su sorpresivo pedido de absolución durante las audiencias a fines de 2009.

Para muchos es difícil creer que el ex líder jemer realmente haya cambiado y tenga remordimientos.

Chum Mey, un sobreviviente del S-21, dijo que no percibía ninguna verdadera transformación en Duch, quien se convirtió en un trabajador humanitario cristiano tras la caída del Jemer Rojo.

"Hasta ahora, es el mismo hombre. Todavía veo la violencia en él, todavía veo la arrogancia", señaló.

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