miércoles, 17 de noviembre de 2010

Muy preocupada Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz

Activistas por la democracia en Birmania temen por la vida de Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz, liberada el fin de semana por la dictadura. "La junta militar nunca es sincera", señalan.

Desde que fue confinada por primera vez a arresto domiciliario en 1989, Suu Kyi, de 65 años, ha sido liberada en forma intermitente por los líderes militares, pero nunca ha podido recuperar de manera definitiva su papel en la vida política.

Es por eso que, mientras Suu Kyi da sus primeros pasos como ciudadana birmana libre tras pasar 15 de los últimos 21 años como prisionera en su casa, crece la preocupación sobre su futuro.

"Es un momento muy peligroso", opinó Khin Ohmar, presidenta de la Red para la Democracia y el Desarrollo en Birmania, coalición de activistas políticos birmanos en el exilio. "El régimen no la libera por respeto a su papel en el proceso político birmano ni en la reconciliación nacional", afirmó.

La actitud de la dictadura en las últimas dos décadas alimenta esos temores. El hombre fuente de la junta militar, Than Shwe, fortaleció la seguridad en las calles y ordenó reprimir cualquier atisbo de manifestación pro-democrática.

"En los últimos 20 años, cada paso que ha dado el régimen ha sido para su beneficio", explicó Khin Ohmar, en entrevista telefónica desde la frontera con Tailandia. "Siempre ha sido parte de su estrategia de control. Nunca cambiaron".

Ex prisioneros políticos temen por la seguridad de Suu Kyi. "Nos preocupa que pueda volver a ser detenida por algo o atacada por matones del gobierno", dijo Bo Kyi, secretario adjunto de la Asociación de Asistencia a Presos Políticos en Birmania. "Ya ha sido atacada antes", añadió.

"No hay imperio de la ley en Birmania. Los motivos de la junta nunca son sinceros", dijo Bo Kyi, también un ex preso político.

Suu Kyi ha sido una espina en la espalda de los dictadores birmanos desde que regresó al país a inicios de 1988 para cuidar a su madre. Su llegada, tras una larga ausencia en el exterior, coincidió con el surgimiento de un movimiento contra la junta, en el poder desde el golpe de Estado de 1962.

Esta mujer sin experiencia política pronto se convirtió en la estrella del movimiento democrático, atrayendo a cientos de miles de partidarios en una manifestación pública en Rangún a fines de 1988.

Poco después ayudó a fundar la Liga Nacional por la Democracia, que se presentó en las elecciones generales de 1990, los primeros comicios multipartidistas en 28 años.

Los líderes militares, que aplastaron el movimiento opositor de 1988 matando a 3.000 personas, pronto descubrieron el poder del mensaje de democracia y no violencia de Suu Kyi.

Decidieron confinarla a arresto domiciliario un año antes de las elecciones de 1990. No obstante, la Liga ganó esos comicios, obteniendo 82 por ciento de los asientos en el parlamento. Pero la junta se negó a reconocer los resultados.

"Se aprecia una política asimétrica en Birmania desde que llegó a escena Suu Kyi", dijo un analista político de Rangún. "Están los poderosos militares armados contra una mujer que lidera un movimiento a favor del cambio político pacífico a través de la democracia".

"A ella hay que darle el crédito por haber hecho que el movimiento democrático en Birmania sea no violento y por haber ayudado a que eso se mantuviera así", añadió el experto, que habló con IPS a condición de mantener en reserva su nombre.

"Las fuerzas contra el régimen pudieron haberse convertido fácilmente en violentas, debido a los años de frustración y represión", añadió.

Su figura en las dos últimas décadas fue más allá de la mayoritaria comunidad étnica birmana y alcanzó a las minorías de este país, que han sufrido décadas de opresión bajo la dictadura.

Sesenta y nueve por ciento de los 51,5 millones de habitantes de este país pertenece a la etnia birmana, 8,5 son shan, 6,2 por ciento karen, 4,5 por ciento rakhine, 2,4 por ciento mon, 2,2 por ciento chin y 1,4 por ciento kachín.

Analistas atribuyen a Suu Kyi y a la Liga haber logrado que las minorías se sientan parte del movimiento pro-democrático, organizando conversaciones directas con el régimen.

"Estamos muy felices por ver libre a Aung San Suu Kyi después de tantos años", dijo Zipporah Sein, secretario general de la Unión Nacional Karen.

Los karen libran una guerra separatista desde hace seis décadas.

"Ella es muy importante para los grupos étnicos y para el pueblo todo de Birmania por su lucha por los derechos", añadió

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