sábado, 5 de marzo de 2011

La violencia de costa de marfil

La misión de la ONU en Costa de Marfil no puede cumplir su mandato frente la violencia cotidiana de las fuerzas de seguridad leales al presidente Laurent Gbagbo, que se niega a abandonar el poder, dijo a Al Jazeera el representante de este país ante el foro mundial, Youssoufou Bamba.

"Partidarios de Gbagbo impiden que las fuerzas de paz hagan su trabajo e, incluso, las atacan", declaró.

Los efectivos fieles al presidente dispararon a matar contra una manifestación de mujeres favorables a su rival, Alassane Ouattara, dejando por lo menos seis muertas.

El episodio ocurrió el jueves, cuando varios cientos de mujeres se congregaron en el distrito de Abobo, en Abiyán, gritando "Gbagbo, fuera" y "Alassane presidente", dijo un residente a la agencia de noticias francesa AFP.

Varias camionetas y un camión con efectivos armados llegaron hasta el lugar de la protesta y abrieron fuego, señaló Mohammed Dosso, asistente del alcalde de Abobo.

Sirah Drane, una de las organizadoras de la movilización, se disponía a dirigirse a la multitud con un megáfono cuando vio que llegaban tanques.

"Había miles de mujeres", señaló. "Pero pensamos que no nos iban a disparar. Luego escuché un estallido. Nos acribillaron. Traté de correr, pero me caí y me pisotearon", relató, Drane, de 41 años.

"¿Abrir fuego contra mujeres desarmadas? ¡Inconcebible!", señaló incrédula.

El ataque motivó una inmediata condena de Estados Unidos que, al igual que muchos otros países, reclamó la renuncia de Gbagbo. La comunidad internacional reconoció a su rival como legítimo presidente de Costa de Marfil.

"La bancarrota moral de Laurent Gbagbo es evidente al tener fuerzas de seguridad que disparan contra una manifestación de mujeres", reza un mensaje escrito en la red social Twitter por el portavoz del Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos, P. J. Crowley.

Combate callejero

Más de 200.000 personas huyeron de Abobo, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a raíz de los fuertes combates entre la policía y los rebeldes, aliados a Ouattara.

La agencia de la ONU para los refugiados expresó su alarma por las graves condiciones de las personas que quieren salir de la zona.

"Hay muchos muertos, autobuses quemados, comercios saqueados y hombres armados atacando a la gente en su propia casa", informó la organización.

Gbagbo cortó el suministro eléctrico y de agua al norte del país, controlado por los rebeldes, lo que puede derivar en una crisis humanitaria, señaló un portavoz del foro mundial en Costa de Marfil.

La ONU entregó 14.000 litros de agua potable a las zonas afectadas, señaló Kristen Saloomey, corresponsal de Al Jazeera en Nueva York.

Al Consejo de Seguridad le preocupa mucho que la violencia en este país africano derive en otra guerra civil.

El actual conflicto en Costa de Marfil comenzó tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en noviembre, cuando la comisión electoral declaró a Ouattara triunfador con 54,1 por ciento de los votos, por encima de Gbagbo, con 45,9 por ciento.

Gbagbo, cristiano y considerado un acérrimo nacionalista, se negó a entregar el gobierno a Ouattara, quien goza del apoyo de las potencias occidentales y de la ONU.

La situación degeneró la semana pasada, cuando fuerzas leales a Gbagbo comenzaron a utilizar armas letales, como morteros y lanzacohetes.

Cientos de personas murieron tras la violencia postelectoral.

Después de la guerra civil de 2002-2003, Costa de Marfil quedó dividido entre el norte, controlado por los rebeldes, y el sur, leal al gobierno central. Se reunificó oficialmente en 2007, luego de aprobado el acuerdo de paz.

Las elecciones del año pasado reavivaron las tensiones.

Ouattara mantiene el apoyo de la mitad norte del país, donde muchos de sus habitantes se quejan de ser tratados como extranjeros por los del sur.

"La población del norte y del centro son blanco de ataques y "temen por su vida", dijo a Al Jazeera el representante marfileño ante la ONU, Youssoufou Bamba, designado por Ouattara.

Varios gobernantes africanos no pudieron convencer a Gbagbo de que deje el cargo, pese a haberle ofrecido una amnistía y la posibilidad de exiliarse

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