domingo, 6 de marzo de 2011

Practicas africanas de dolor y mutilacion

El monte Elgon, en la frontera occidental de Kenia, es una de las regiones más marginadas del país, al punto de no tener ni un metro cuadrado de camino asfaltado y de sostener prácticas culturales como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil.

Hasta hace muy poco estaba mal visto que las niñas fueran a la escuela y que se educaran, y se considerada una falta de respeto y una abominación la simple idea de que pudieran servir la comida a su padre.

La región se caracteriza, además, por enfrentamientos violentos por la propiedad de la tierra.

En esas duras condiciones se crió Jennifer Masis, quien, contra todos los pronósticos, se convirtió en una fuerza arrolladora decidida a conferir valor y poder de decisión a las mujeres.

Nacida en 1970 en la comunidad patriarcal de Sabot, Masis debió soportar la gran marginación que pesa sobre las mujeres en el oeste de Kenia.

"Crecí sabiendo muy bien que el lugar de las mujeres en la sociedad es el de ser vistas y no escuchadas. No podíamos ni sentarnos frente a los hombres, cuanto menos hablar", relató.

"El niño goza de todas las oportunidades disponibles para crecer y desarrollarse, en tanto a la niña se la puede casar a los 12 años para tener ganado y poder venderlo para pagar los gastos escolares del varón", añadió.

La ablación genital era la norma. Se entendía como una marca de crecimiento y un ritual para distinguir a las niñas que la tenían, de las que no.

"Las mujeres que no estaban mutiladas eran consideradas niñas y no podían casarse", explicó.

Por suerte para ella, su padre le permitió ir a la escuela, aunque su presencia fue considerada por muchos integrantes de la comunidad como una vergüenza para su familia.

La muerte de su madre cuando estaba por dar un examen fundamental para decidir a qué facultad intentaría ingresar fue uno de los varios motivos que complicaron su educación. Pero finalmente se destacó en la Universidad de Moi, donde obtuvo un título en desarrollo comunitario.

Allí cultivó su pasión por el trabajo con la gente y, tras graduarse en 1994, se convirtió en una activista por el derecho de las niñas a educarse.

"No fue fácil, pero había que hacerlo", indicó.

"Las mujeres me apoyaron mucho porque vieron cómo mejoró mi vida gracias a la educación y me hizo una persona diferente. Al haber sido yo misma mutilada pude usar mi propia experiencia para denunciar la práctica y defender la educación como forma de distinción y de refinamiento", remarcó.

Su papel en la comunidad como cruzada por los derechos femeninos atrajo a las mujeres mayores, que vieron que tenía lo necesario para liderar. Así fue cómo se plantó en ella la semilla de la política.

"Esa fue la primera vez que realmente pensé en dedicarme a la política. El apoyo de las ancianas fue muy importante porque sabía que toda mi familia, incluidos los parientes políticos, harían lo mismo, y así fue", relató Masis, madre de cinco niños.

"Me zambullí en política y en 2002 me presenté como candidata a un escaño parlamentario en el distrito de Kwanza", indicó.

Su periplo electoral estuvo "plagado de amenazas e intimidaciones, pese al gran apoyo de actores clave, de su familia, de las ancianos y sus partidarios", recordó.

"Sufrí todo tipo de abusos. Hasta me amenazaron con mandarme 14 jóvenes a violarme", apuntó. "Seguí y hasta fui designada para encabezar la lista del partido Unión Nacional Africana de Kenia", añadió.

Pero no sospechó que era el principio del fin.

"Me llamó un dirigente para avisarme de que el partido había decidido que no les interesaba una mujer y que el número dos tomaría mi lugar", relató.

"Quedé muy sorprendida, pero me mantuve firme hasta que recibí otra llamada, esta vez de una de las figuras más influyentes del partido, quien no anduvo con rodeos. Me dijo que no sólo no estaba interesado en mujeres sino que, al tener 32 años, tenía todo un futuro por delante para perseguir mi sueño", añadió.

Masis llevó el caso a la justicia, pero la Comisión Electoral ya había concluido la etapa de inscripciones de candidatos y la dejó afuera. Sin embargo no se amedrentó.

En 2004 participó en la Conferencia Constitucional Nacional en el centro cultural Bomas, en las afueras de Nairobi, encargada de redactar una nueva carta magna.

Masis vivió la oportunidad como una forma de ayudar a crear estructuras que facilitaran la participación femenina en política y evitaran la discriminación e intimidación de los propios partidos.

Siguió también denunciando la mutilación genital y trabajando con organizaciones femeninas como Rural Women Peace (Mujeres Rurales por la Paz) y el Caucus for Women Leadership (Bloque por el Liderazgo Femenino).

"Mi mensaje siempre subrayó la importancia de la educación de las niñas. En mi comunidad era extremadamente difícil acceder a información siendo niña. Quería ver ese cambio, y eso me llevó a crear Tears of Women Organisation (Organización Lágrimas de Mujeres)", agregó.

Ese nombre "da resonancia al dolor y las dificultades por las que pasé y por las que no quiero que pase otra niña", dijo. Se trata de "no tener que luchar y soportar tanto para acceder a una vida digna"

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